Sobre la iniciativa
El inicio de la pandemia generada por la COVID-19 generó una demanda de mayor asistencia alimentaria en la población vulnerable existente y en parte de la población que vio amenazado sus sustento, lo cual generó una alta demanda en los programas de asistencia social alimentarias cubiertos por INDA y MIDES (comedores, refugios, etc.)
Bardot tenía experiencia en producción de viandas para comercializar. Al comenzar la pandemia y debido a las necesidades que emergieron, la empresa realizó una donación de viandas. Esto despertó la posibilidad de pensar dedicarse a producir una mayor cantidad de viandas con fines no corporativos. Este problema y oportunidad se materializó a partir de generar un proyecto para atender una parte de la demanda de MIDES, en formato piloto durante los meses de Setiembre a Diciembre de 2020.
Una de las líneas de trabajo y proyecto actual de Bardot se enfocó en la producción y logística de viandas con diversos menús (desayunos, meriendas, almuerzos y cenas) destinadas a una serie de refugios gestionados por MIDES en Montevideo. Se generan unas 700 viandas diarias que combinan en algunos casos las 4 comidas, y en otros 2 (según el refugio de destino). La propuesta busca aportar una porción de comida saludable, de tipo casera, preparada con cariño, cuidado y de forma nutritivamente balanceada. El equipo de cocina de Bardot se dedica a planificar menús semanales y luego a su realización y distribución día a día. Los menús son monitoreados por nutricionistas del MIDES para asegurar su balance y adecuación a las diferentes necesidades y requerimientos de la población de destino, que aparte de sus vulnerabilidades sociales y económicas, requieren atender necesidades dietarias y fisiológicas.
El espíritu del equipo a cargo del proyecto se enfoca fuertemente en atender a la demanda de una población con fuertes carencias no solo nutricionales sino emocionales, buscando, a través de la comida, poder dignificar y democratizar el acceso a una mejor calidad de vida y bienestar. El proceso se desarrolla con gran responsabilidad y flexibilidad, con un contacto constante y directo con los coordinadores de cada refugio y del programa a nivel institucional, de forma de atender los problemas, necesidades específicas y al mismo tiempo, desarrollar vínculos cercanos y confiables. El valor agregado de ser un proveedor de pequeña escala y con un abordaje basado en el cuidado de la calidad, es que la comida ofrecida busca y replica la calidad de la comida casera, entregando lo mismo que come el equipo, cocinando lo mismo que le cocinan a sus propios hijos. El aspecto personalizado del vínculo y de la dedicación en la elaboración de la comida “le da grandeza” a su trabajo, impactando en la satisfacción del equipo de Bardot, reconociendo la posibilidad de tener un impacto positivo en el mundo, y en particular, en quienes más lo necesitan.
Una dimensión adicional que es importante para el equipo es la posibilidad de “educar paladares”, ofreciendo nuevos sabores a una población que se ha visto limitada en el acceso o familiarización con sabores diversos. Este punto no siempre es fácil pero hay avances en ese sentido y es un proceso de aprendizaje constante para el equipo.
Lecciones aprendidas
A partir de este trabajo, el equipo ha notado cómo es posible conocer nuevas realidades del país, y poder tener un impacto directo en ellas a través de la comida.
Esto demuestra el potencial de acción que existe en el rubro de la Gastronomía a nivel más amplio. Al mismo tiempo, ha motivado a generar nuevas colaboraciones y tejer redes, reconociendo otros espacios, iniciativas o individuos trabajando en líneas similares, y al mismo tiempo, a la necesidad de seguir aprendiendo.
Han aprendido que los procesos de cambio son lentos y requieren de apoyos en diferentes áreas. El cambio en la aceptación de nuevos sabores en la población de destino es un desafío constante, pero también un área para seguir trabajando.
A pesar de un cambio radical en la demanda de trabajo, impactando en jornadas laborales más largas, redefinición de roles entre los empleados entre otros, el equipo ha descubierto cómo trabajar con un propósito de este tipo es motivante y hasta energizante. A pesar de las exigencias, el equipo está alegre y pone toda su energía, dedicación y amor.
El mayor desafío fue la transición de un modelo de restaurante y con un público mayoritariamente comercial o corporativo, a trabajar con un ente público y con fines sociales, atendiendo a una demanda mayor de la que históricamente se había producido. Esto implicó cambios e innovaciones logísticas para la empresa, desde refacciones, adecuación y adaptación del local anteriormente comercial (al público), generar un sistema de entrega y afinar su proceso, redistribución de los empleados en nuevas tareas, algunas de las cuales no eran el área de especialización. Esto implicó una curva de aprendizaje en todas las áreas y demandó también reforzar el personal para atender demandas nuevas.
Más allá de los desafíos y lo costoso que resultó el cambio de tipo de trabajo, nuevos procesos y ajustes múltiples, confirman que el trabajo se ha “vuelto más lindo” y que sienten una responsabilidad de no fallar, ya que la gente los necesita. Lo reconocen como un cambio de paradigma para un proyecto que inició como restaurante para un público de un estrato socioeconómico medio y medio-alto. Se nota un cambio de dirección y valores enfocado en cambiarle la vida a las personas a las que se les cocina.
Impactos del Covid-19 en la iniciativa
Este proyecto tomó esta forma y dirección debido a la pandemia, atendiendo a los desafíos sociales generados.
Contacto y redes:
Sitio web: https://bardot.com.uy/